Probablemente, ese fue el primer beso que presencié. Tendría unos 4 años. Quizá menos, quizá más. Lo cierto es que con mi más pura inocencia pude comprender ya entonces que la magia podía camuflarse en las cosas que parecen más simples y significantes de la vida. En los besos. Besos a mamá, besos a papá, besos a un amigo, besos a la profe, besos a la abuela, besos a un perrito, besos en la mejilla, besos por cumplir, besos de perdón, besos apretados, besos entre risas. Besos. Besos, quizá un tema del que no se hable demasiado o del que se hable mal. La gente besa por besar. La gente no se preocupa de detalles como de crear una atmósfera perfecta en la que pueda gestarse un beso. Pero un beso de amor verdadero. Un beso como el de Blancanieves, como el primer beso que vi en mi vida. O probablemente viera más, muchos más. Todos los besos familiares y entre amigos que ya he citado. Pero bueno, quizá fuera el primer beso idealista e incluso utópico que haría de mí una persona soñadora y escriba de azucaradas palabras como hago en este momento.
Besos hay muchos, pero ninguno es igual que otro. Y, a veces, es preferible grabarse en la memoria lecciones de este tipo que la ecuación algebracia de mayor envergadura existente en todo el planeta.

¿Quién no tiene en la mente la simbólica imagen de un caballero besando a su princesa? Cientos de cuentos, de historias, de relatos, de leyendas, han generando en nuestro interior las más inmensas fantasías. Por desgracia, esto a veces puede llevarnos a la desolación y a la desilusión. Los chicos desean ser esos caballeros que con su fuerza sostengan a sus damas y les brinden el mejor besos de sus vidas. Ellas desean encontrarse en la persona de aquella delicada princesa que espera a que su amade roce sus labios y construya en el interior de ella aquella sensación mágica, aquel sentimiento capaz de hacer levitar a alguien. Literalmente.
Por tanto, un tipo de beso es aquel que a nuestros ojos no existe, aunque nuestra mente, nuestro interior, sabe que sí. Y no lo sabe precisamente gracias a los libros de Historia. En ellos se recogen batallas, guerras, conflictos bélicos... arma sy sangre en definitiva. pero, ¿dónde quedan los besos a la luz de la luna en el balcón real? ¿y aquellos bailes engalanados en los que las damas parpadean de forma coqueta para conseguir el beso más dulce?
En serio, puede sonar todo lo empalagoso que queráis, pero a veces esas historias pueden resultar mucho más fascinantes que la conquista de nuevos terrirotios, que la ambición de los hombres, que las luchas y la fuerza y que las distintias sucesiones a un codiciando trono cuyo valor sólo puede medirse en honor y no en nada más.

Besos robados. ¿De esos cuantos hemos presenciado? En películas, en cuentos, pero todos lejanos y esquivos. Al menos cuando todavía nuestros dientes eran de leche, ahora ya no me inmiscuyo en la vida privada de nadie. No obstante, los besos robados también deben ser tenidos en cuenta. Labios que rozan otros labios dinámicos, miradas sorprendidas, gestos de admiración, movimientos escurridicos, robos que desembocan en un final feliz con besos ya no robados ni prestados, sino entregados.

"El beso es el acto de tocar algo con los labios, generalmente a otra persona. Es una práctica habitual entre los humanos, también presente en otros primates y en otros órdenes de animales."
Una definición tan gélida no puede hacer sentir a nadie qué es un beso. Los besos han sido representados desde los tiempos más remotos en todo tipo de arte. Todos distintos, todos con diferentes colores que fabrican su atmósfera, todos con diferentes protagonistas, pero todos besos. Un beso no significa simplemente el contacto de unos labios contra otra superficie humana. Siempre esconde algo más. Ya sea amistad si es en la mejilla, protección si es en la frente, respeto si es en la mano, amor si es en los labios, pasión si es en el cuello o, por desgracia, engaño si es en la barbilla.

Sabemos dónde van los besos que damos, los besos que nos dan, los besos que nos cuentan los cuentos, los besos principescos, los besos de película. Pero, ¿dónde acaban los besos que nunca se dan?
Un beso es un regalo, un presente, una parte de uno mismo. Pero, en ocasiones, la cobardía o quizá el miedo nos hacen creer que nuestros besos no tienen ese valor incalculable del que hablamos. Tímidos muchachos que ni siquiera se atreven a cruzar la mirada con aquellas jóvenes de miradas azules. Temblorosas muchachas que ante la sombra del primer beso que se cierne sobre ellas, se acongojan en el último momento y acaban huyendo quién sabe dónde.
"Todo beso es beso, llege a su destinatario o no. Pero es beso. Un beso perdido."

¿Y los besos inesperados?
Besos inmortalizados, enigmáticos que, hasta para los escépticos, son reales.
¿Habés recibido un beso (en los labios) alguna vez? De ser así, ¿cuándo? ¿quién? ¿cómo?
Detalles que muchas personas recuerdan con seguridad, a los que se aferran. Otros lo olvidan sin querer o a propósito y se conforman simplemente con el placer que supone un beso, con los sentimientos, con ese cosquilleo dentro de cada uno, con esos temblores, ese nerviosismo, esas lucecitas de colores que nos nublan la vista a cada uno cuando nos perdemos en los labios del ser al que más idolatramos. Sin embargo, los besos son regalos, los besos son arte. Y los besos inesperados, las historias de amor no predeterminadas, son las imágenes soldificadas cual bloque de piedra en nuestra retina.

Dicen que el beso más difícil no es el primero, sino el último.
Despedidas. Maletas envejecidas que se golpean entre sí. Zapatos desgastados que se arrastran por las húmedas calzadas. Frío viento que dibuja el contorno de los rostros de las personas. Lágrimas. Abrazos. Miradas. "Adiós". Un beso.

La gente no olvida su primer beso. Disfrutando soñando despierta sobre él, recreándolo, intentando volver a sentir esa sensación de levitación, de cosquilleo, de ciencia y de magia. Pero es imposible volver a sentirla.
Los besos han evolucionado. Y puede que se abuse de ellos, que haya excesos. O más que una dosis extra de besos, puede que se usen mal. Puede que se regalen besos sin ningñun tipo de miramiento ni reparo. Y es necesario recordar que los besos son nuestros, los besos son como redes que albergan todo nuestro mundo. Si damos un beso, creamos, por mínimo que sea, un lazo de unión con la persona besada.
Y, a veces, mucha gente debería pararse a reflexionar sobre temas que parecen tan sencillo y transparentes com el de los besos. Besos inocentes, besos de Judas, besos nerviosos, besos de amor.
Besos.
Reflexionad. Reflexionad sobre los besos familiares. Pensad en los besos y muestras de cariño con vuestros amigos. Derivar en el lago de los besos perdidos, de los besos que os han robado, de los que os van a robar, de los besos que deseáis, de los besos de amor, en defnitiva. De los besos.

Muchos tipos de besos. Muchos personajes. Muchas despedidas. Muchos nuevos besos.
Besos de todo tpo, de todos los estilos.
Besos que nos hemos dado y que nos vamos a dar.
Imágenes icónicas de besos se repiten en el Arte, en películas. Pero, ¿y en tu vida?
Deja de preocuparte por el empleo o por los exámenes. Sal, levanta y besa. Besa y ama. Entrega un regalo, ofrece un beso.
Y al extinguirse esta absurda pero bella página, me despido con la mayor lección de todos los tiempos:
"Lo más importante no es recodar el primer beso, sino conservar siempre al último"
Besa.
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