No le gustaba mirarse al espejo. Su cuerpo era demasiado delgaducho y le tenía manía al reguero de pecas que recorría su cara. Ni siquiera le gustaban sus ojos, a pesar de que siempre le decían que parecían "de caramelo". Lo único con lo que se sentía medianamente bien era con su pelo, largo, muy liso y de un brillo casi imposible. Estaba orgullosa por ser pelirroja, por salirse un poco de lo común. Al menos, ella creía que se diferenciaba del resto de la gente, tanto por su admirada melena como por sus extraños gustos. Era una chica indie (o algo así le llaman). Veía películas de Wes Anderson y escuchaba grupos que tocaban el ukelele y cuyas canciones hablaban de vestidos rojos y correr descalzo en el bosque con una cerveza en la mano. Y, por eso, Brittany sonreía. Y solo en ese momento, en ese preciso instante en el que sus labios se curvaban en una discreta sonrisa, disfrutaba de verdad al ver su reflejo.
Chelsea era todo lo contrario. También era pelirroja, aunque su melena, más que lisa y anaranjada, era ondulada y color rojo intenso. ¿Los espejos? Por Dios... ¡le encantaban! Era sexy. Tenía una boca bonita, de esas que le gustan a los directores de cine, y por eso se pintaba casi siempre los labios de rojo. Sus pestañas eran larguísimas y sus ojos grandes y verdes. O azules. O verdes azulados. O azules verdosos. Su armario estaba lleno de prendas ajustadas y botas altas. No tenía ningún complejo y no le daba vergüenza nada. Pero, increíblemente, tenía una debilidad. No, no se trataba de Brad Pitt o del algodón de azúcar (que también), sino de su perro. Era un husky precioso y el color de sus ojos coincidía con los suyos. Era impredecible, como ella. Se llamaba Wolf y a veces parecía que sonreía. Y, cuando eso ocurría, Chelsea sentía que no podía llegar a ser más feliz.
A Ciara también le gustaban los espejos, por supuesto. Pero... los del gimnasio. Podía pasarse horas corriendo en la cinta mientras se ajustaba la larga coleta. Después, se vestía con sus mallas favoritas y sus deportivas moradas y entraba en una clase de aeróbic. No pensaba que fuera muy guapa, pero tampoco le desagradaba su bronceado rostro, sus ojos ligeramente achinados y su cuerpo tonificado a base de pesas y running. Vale, no estaba nada mal. Pero no le interesaba echarse novio. De hecho, le ponían bastante nerviosa esos chicos que solo se miraban sus músculos y que, cuando hablaban con ella, prestaban más atención a su escote que a sus palabras. Con las chicas, en cambio, era diferente. Ellas eran mucho más atentas y comprensivas y se preocupaban por los detalles. Pero, por el momento, nadie sabía ese secreto suyo.
Mary escribía. Escribía mucho, y a todas horas. Escribía sobre ella y su pelo corto y castaño. Pero también escribía sobre la coleta color carbón de Ciara o los peculiares ojos de Chelsea. Le encantaba escribir sobre Brittany y su timidez. En definitiva, escribía sobre cada una de sus amigas, sobre lo unidas que estaban a pesar de lo diferentes que eran unas de otras. ¿Quién sabe? Quizá ese fuera el secreto de su amistad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario