lunes, 14 de enero de 2013
En el fondo de la botella.
Las volutas del humo de su inseparable cigarrillo eran sus únicas acompañantes en aquella noche de noviembre. Dan pidió otra copa. Un whisky, con poco hielo y bien cargado. El pub era oscuro y, aparte de él y del largirucho camarero, solo quedaba un joven algo ebrio jugando a los dardos. Dan le observó con curiosidad mientras se terminaba su cigarro y daba un sorbo de su copa. Reflexionó sobre la gente, sobre las personas que no se conocían. Él no sabía nada de aquel chaval borracho que hacía diana en la pared, al igual que el joven no sabía nada de Dan, ni siquiera su nombre, ni su procedencia. Dan miró al camarero y se dio cuenta, de nuevo, de su ignorancia. ¿Cómo se llamaba? Habría jurado que Vernon. Pero... ¿estaría enamorado? ¿Tenía algún sueño? ¿Usaba pijama? Dan se sumergió de nuevo en su copa, notando una sensación abrasadora pero gloriosa en su garganta. Levantó la mirada y, esta vez, la dirigió a la puerta acristalada del local. A través de ella podía observar los imponentes rascacielos neoyorquinos, algo más alejados, ya que estaba en un barrio más solitario y menos elegante que el centro de la ciudad que nunca duerme. Dan se ajustó su chaqueta de cuero y se pasó la mano por el pelo, sedoso y perfectamente fijado con gomina. Pero, realmente, ya no quedaba nada de sí mismo. Su pasado, sus recuerdos, estaban muy lejos de aquel lúgubre pub.Y su corazón, todavía permanecía entre los cabellos de esa joven, sobre su cálida espalda, deslizándose por sus curvas, perdiéndose en su mirada, dibujando su boca.
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