jueves, 15 de noviembre de 2012

Levantarse a las 7, no encontrar asiento en el autobús, olvidarse el paraguas, no tener tiempo ni para desayunar... Llegar a clase, oler a tiza, soporíferas clases, sueño... verle.
Sentado en última fila, un poco rezagado debido a su timidez. Escribe distraído mientras se le cierran aquellos profundos ojos azules. De repente, te mira. Sonríe. Te sonrojas; sonríes. Todo ha merecido la pena.

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