martes, 7 de agosto de 2012
"Nunca no digas nunca".
Para ella, su frase de cabecera era "Nunca digas nunca".
Estaba segura de que todas las cosas se escapaban del control del ser humano y de que el destino sería el que decidiría el desenlace de su vida. Hasta que le conoció...
Cuando se enamoró de él, supo que los amores eternos existían. Supo que se podía querer a alguien hasta morir. Supo que no había felicidad más grande que amar y ser correspondido...
No obstante, lo que también descubrió, es que el ser humano debe atreverse a decir nunca. Que hay cosas en la vida que sí se pueden decidir y controlar. Que cuando te enamoras, puedes romper dichos y creencias ancestrales para decir siempre.
Y lo que ella sabía, es que nunca se rompería su amor. Y con una sonrisa, sintió satisfecha cómo el destino no era lo que regía su vida. Y cómo rompió un asentado refrán en menos de 1 minuto...
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