viernes, 24 de agosto de 2012

Born to be wild.

Había llegado un momento en el que sus ilusiones ya no tenían sentido. Había perdido la cordura y la ropa interior, y estaba inmersa en una espiral de la que no podía salir.
Se encerraba en su habitación y, con rock & roll a todo volumen, se acababa de un trago la botella de vodka.
Se paseaba casi desnuda tocando la guitarra, tapando su nevada piel solo con una camiseta de Nirvana.
Ensombrecía su mirada con lapiz y rimmel negro, y no se molestaba en cepillar su larguísimo pelo rubio que se balanceaba al ritmo de su solo de guitarra. 
Salía a la calle sin decir adiós y sin mirar atrás, pisando firmemente sobre sus altas botas de cuero. No miraba a la gente, no pensaba en nada, tan solo fumaba un cigarrillo con pose de descaro.
Se perdía en la noche, en los pubs y en los abrazos de extraños. Subía a motos ajenas que llenaban de adrenalina su fino cuerpo. Dejaba su aroma en las chaquetas de cuero de los hombres y sembraban de envidia el rostro de las mujeres. La veían joven, fresca y libre, cuando en realidad estaba atrapada en una vida que no había elegido.
Se perdía en pequeños conciertos de punk, saltando y vibrando entre una marea de gente. Contoneaba sus caderas para conseguir copas de ron y algunos gramos de... la muerte en polvo.

Cuando acababa la noche, regresaba con paso firme y decidido a su guarida, a aquella cueva plagada de posters de Sex Pistols.



Y así, entre borracheras en callejones y sexo en un aparcamiento, ella sobrevivía a la vida.


No hay comentarios:

Publicar un comentario