miércoles, 6 de junio de 2012

La suerte de mi vida.

No puede ser más guapo, lo juro. Bueno, en realidad cada día que pasa lo es. A veces pienso que no le puedo querer más de lo que le quiero, pero no ceso de equivocarme, pues cada segundo este sentimiento crece. Cada vez que le veo acercarse a mí siento lo de la primera vez. Sí, ese cosquilleo en el estómago, esa tendencia a apartarme el pelo de la cara en señal de vergüenza, esa sensación de mis mejillas ardiendo. Siento que, a pesar de todas las desgracias y tristezas, el mundo puede ser un lugar maravilloso solo por la luz de sus ojos.

No hay nada más subjetivo que el tiempo. A veces, se me pasa muy lento, más que la agonía de un caminante por el desierto en busca de un oasis. Sin embargo, cuando estoy con él, el tiempo deja de tener sentido. Solo estamos él y yo. Y lo cierto es que los momentos con él transcurren veloces pero intensos. De hecho, el tiempo que llevo junto a él es bastante, pero no se me ha podido pasar más deprisa. Sí, en un abrir y cerrar de ojos. Y dicen, que cuando el tiempo es veloz, es porque eres feliz.

Él es el único que me comprende. Me he dado cuenta que si me tuviera que llevar algo a una isla desierta, le cogería la mano y no le soltaría hasta llegar a nuestro destino. Nada tiene sentido sin él, ningún rincón del mundo, ni un solo espacio de tiempo...

Y lenguaje más o menos poético aparte, hablaré claro: le quiero. Ya no hay vuelta atrás (por suerte), pues por toda la vida lo voy a querer. Incluso cuando sea viejo y arrugado, le querré con más fuerza, pues su personalidad me ha enamorado, al igual que su belleza, que coservará siempre, como la luz de sus ojos verdes.

Adoro pensar en ti, y no puedo evitarlo. Me gusta hablar de ti, con orgullo y una sonrisa. Me gusta escribir sobre y para ti, pues eres mi inspiración. Pero, sobre todo, me gusta estar contigo, mejor dicho, adoro estar contigo. No puedo no estar contigo, ¿entiendes? Y entiende también, por favor, que has llegado a mi vida para no irte jamás. Algún día leeremos estas palabras cuando seamos unos abuelos de cabellos blanquecinos y miradas cansadas, pero con luz.

Gracias por entrar en mi vida, y te pido que nunca te marches.
Gracias por ser como eres, por hacerme la más feliz y por enseñarme lo que es el amor.
Gracias por ese 7 de octubre de 2011, el comienzo de algo que no tiene final.

Te mereces todo, esto y mucho más, y a cambio de darte mi vida, te pido que siempre vivamos este cuento de hadas y que no despertemos nunca, pues tú eres mi sueño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario