Pero no tenías tiempo para cuentos de hada, para historias de amor. Pulsabas de nuevo el acelerador, quizá por timidez (¿Mr Dean tímido?) o porque te gustaba demasiado la velocidad, sentirla, volar.
Quizá por esa razón, en compañía de tu amigo más querido, o mejor dicho, a bordo de él, tu vida se apago. Ese espíritu joven, esas ganas de vivir, esa risa, esa mirada, esos hoyuelos que surcaban tu cara cuando le dedicabas una sonrisa a esa camarera del bar de carretera, esa chispa en tus ojos, esa pose masculina y sensual, esa manera de fumar, de colocarte el pelo, tu forma de andar, de ajustarte tu chaqueta de cuero rojo...
30 de septiembre de 1955... una fecha normal. Aparentemente, quería decir. Caprichos. ¿Sabes lo qué es un capricho? Mejor que nadie, ¿verdad? Querías satisfacerlos todos. Querías tener todo. Ansiabas la libertad, la locura, peor también te encantaba perderte entre los brazos de aquellas damas, sentirte un príncipe azul por una noche. Pero al día siguiente volvías a ser ese tipo duro, debías serlo. Con tu cigarrillo en la boca y el cuello de tu chaqueta levantado, flirteabas con alguna que otra señorita, mientras ponías de moda tus jeans.Niñito caprichoso. Pero no hablo de ti en este momento. Destino caprichoso. Debido a ese capricho del destino, ese 30 de septiembre se apagó el alma más viva, la carisma personificada, una risa escandalosa pero atractiva, una vida, un mito. Tus recuerdos se quedaron en el cruce 41-46 de la localidad de Cholame, California. Y lágrimas saladas navegaron por los rostros de miles de personas, miles de personas que te querían, que amaban tu espíritu, tus ansias de vivir, tu chulería. Eres un rebelde, un rebelde sin causa. Eres un rubito malo. Eres increíble. Eras increíble.

Te gustaba deambular por las calles, bien entrada la noche. Te gustaba perderte entre la niebla con tu elegante abrigo. Eso sí, el cigarrillo siempre en la boca, no podías perder ni un ápice de rebeldía. Te gustaba perderte por las sinuosas calles, caminar por las desgastadas aceras, dejar que el viento azotara tu rostro o que la lluvia empapara tu perfecto tupé. Te gustaba tener un reguste a ron en tu boca. Te gustaban los besos robados. Te gustaba trasnochar, las noches sin fin, confiar en desconocidos. Te gustaba pensar que eras otro, observar las farolas desde una esquina, escondido en la oscuridad. ¿Por qué salir? El mundo es cruel. Pero tú querías vivirlo todo. Sólo se es joven una vez. Una cara bonito, un cuerpo sin kilos de más y esa manera de ser, desenfrenada, atrevida. Eras un caradura. Eras caballeroso, pero a la vez un Casanova. Los cigarrillos y el alcohol te hacían viajar a otros mundos. Pero todavía más los cafés de madrugada. Amargos cafés. ¿Quién es esa joven que te mira desde el otro lado del bar? Tenías que acercarte, ¿eh James? Siempre lo hacías. "No hay nada que perder",decías.Y al fin y al cabo tenías razón. La vida es corta, como un relámpago. Debes saborearla, debes sentirlo todo, debes aprender a volar. Quiero volar. Tú volabas, Te enfundabas en tus jeans desgastados, en tu cazadora de cuero y volabas. El cigarrillo descansando en tus carnosos labios. La velocidad. El sonido del motor. Las cámaras buscaban el rostro más bello, el hombre del momento. Y tú presionabas el acelerador. ¿Por miedo? No lo sé. Yo creo que eran simples ansias de volar. Es adictivo, lo admito.
Risas, llantos, borracheras, flirteos, muerte. Lágrimas por ti, recuerdos felices, y no tanto. ¿Dónde estás James? Quiero verte paseando por las oscuras calles, perdido entre la niebla o en algún café, portando un elegante abrigo y un cigarro en la boca, en busca de aventuras, de ver, de conocer, de sentir, de hacer nuevos amigos, de ser otro. Quiero verte con tu sombrero de vaquero, con una espiga en los labios que sustituían a tu sustento de nicotina. Tu camisa de cuadro se aprieta contra tu pecho. Tumbado en la hierba amarillenta, miras al sol. Algún día llegarías al sol. Era tu deseo, ¿no? Querías llegar. Querías volar. Volar y llegar. Querías llegar inmediatamente, sentir la adrenalina, conseguir tu deseo, tu capricho. Caprichoso destino... Maldito bastardo, eres un rebelde.


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