Miro atrás y te veo. Intentas alcanzarme, pero mi pelo se resbala entre tus dedos. La muerte un día nos separó, pero yo noto tu presencia cada día. El dolor se ha amortiguado, pero nunca te he olvidado. No fue fácil seguir sin ti, pero poco a poco lo conseguí. No te hiciste muchas fotos, pero tus recuerdos valen más que ver tu rostro en un papel. Tu huella permanece, como un tatuaje imborrable en la piel. Pena y alegría se mezclan cuando te recuerdo, sonrisas y lágrimas nacen cuando te pienso.
Lo único que te pido es que nunca te marches (al menos, de mis sueños).
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