domingo, 16 de febrero de 2014
Hysteria
Frías, sábanas frías como témpanos de hielo. Su corazón latía acelerado, casi enloquecido. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas casi a cámara rápida, como una cinta de vídeo rota. Fuera llovía, pero eso no hacía aquella noche en absoluto melancólica. El mundo le era totalmente indiferente y, quizá, la razón fuera que el dolor la hubiera carcomido por dentro. Ya ni siquiera le quedaban fuerzas para llorar, para magullarse los antebrazos con viejas cuchillas de afeitar. Hacía mucho tiempo que sus ojos habían pasado de verdes a grises (y tristes). Estaba demasiado delgada y casi le dolía respirar. Se castigaba con la soledad, con las tardes perdidas en aquella habitación de paredes desconchadas. Poco a poco, las personas que daban sentido a su vida se había ido marchando. Sus padres ya lo hicieron cuando apenas tenía dos años, en aquel fatídico accidente de coche. Llovía como aquel día, o quizá un poco más. Su abuela, la que siempre había cuidado de ella atiborrándola a galletas de mantequilla, había partido a un lugar mejor (supuestamente) entre sollozos y dolor. Y respecto a Zack... bueno, simplemente había sido un cabrón. Las dos grandes tetas de aquella rubia de labios rojos y faldas de tubo habían sido dos razones de peso (y nunca mejor dicho). Después de eso, ya no le quedaba nada. Se había quedado sola en aquel apartamento de las afueras de Ámsterdam y se negaba a aceptar la compasión de los vecinos y primos lejanos. Solo quería llorar tranquila, aunque ni siquiera tenía ganas de ello. Sus lágrimas eran ácidas, casi artificiales. Sus lamentos no conseguían vaciar la tristeza alojada en su flaco y pálido cuerpo. Había visto demasiadas películas de chicas melancólicas que decidían acabar con esa farsa llamada vida con un par de pastillas ovaladas. Pero ni siquiera se atrevía a dar ese paso. Se conformó con quedarse sobre aquel chirriante colchón, con su lacio pelo oscuro empapado por las lágrimas y sus finos labios emitiendo suspiros mientras pensaba en qué hubiera pasado si la vida hubiera sido diferente. Quizá las cosas hubieran sido distintas. Quizá hubiera llegado a sentirse viva.
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