Tengo que decirlo. Es mi virtud y a la vez mi defecto: no puedo guardarme mis pensamientos y sentimientos, jamás. Tengo que expresar lo que creo, a veces ignorando a las consecuencias. Tengo que contárselo a alguien, que gritarlo o que escribirlo. Y eso hago, tal como lo siento.
Las personas sinceras suelen ser criticadas con dolorosa frecuencia en nombre de la "diplomacia" y el "respeto". Yo difiero. Precisamente una persona que no tiene miedo a decir lo que piensa, una persona transparente, es el claro ejemplo de respeto. Y no estoy aquí para alabarme a mí, sino para defender a toda esa gente que no se esconde tras una veladura de mentiras y falsedad y que da la cara. Siempre.
Lo que quiero denunciar es una cosa simple y lógica y que, sin embargo, sucede con bastante frecuencia. Muy a menudo se juzga a las personas por su apariencia, hay gente que ni se molesta en conocer su interior, sus sentimientos, sus inquietudes, sus problemas. Hay gente capaz de despreciar, vejar y reírse de personas por lo que parecen ser, sin preocuparse de conocer qué le puede hacer ser así. O mejor dicho, hay personas que se ciegan con los supuestos defectos de los demás, sin darse cuenta de que todos somos humanos y tenemos fallos. Algo que no enseñan en la ESO pero de gran utilidad es la siguiente frase: No mires la paja en el ojo ajeno, sino la viga en el tuyo. Pues eso.
Sinceramente, vivo en una época en la que me indigna todo. Desde los excesos de los políticos y las carencias sociales de mi país, cada vez más degradado, hasta injusticias que observo no muy lejos de mí. Indignación. E impotencia. Eso es.
Por suerte, hay cosas en mi vida que me invaden de felicidad cada día, pequeños detalles que me hacen amar la vida que me ha tocado y agradecérselo a Dios. La gente que está ocupada en criticar y ofender en los demás es porque tiene una vida vacía y no es feliz. No es mi caso. Sin embargo, a veces hay hechos que enturbian ligeramente mi felicidad, hechos que más bien puedo llamar decepciones. El peor sentimiento que puede albergar un corazón es el de sentirse decepcionado. Es doloroso y, sobre todo, increíble. Observas conductas y actitudes poco éticas de personas en las que has depositado tu confianza y de las que nunca has pensado nada malo. Te das cuenta de que, a veces por desgracia, todo en esta vida es posible. Pasan cosas que no te esperas, que no te hubieras imaginado. Cosas que puede que no te afecten directamente, pero que te duelen igual. Malditas cosas...
Este post no tiene ningún objetivo. Me da igual quién lo lea y quién no. Simplemente necesitaba escribir para expresar, de alguna manera u otra, lo que siento y lo que me indigna. Por si no ha quedado claro, me indigna la falsedad, el falso amiguismo y, sobre todo, el desprecio hacia las personas. Ante todo, en esta vida debe primar el respeto. Jamás dejes de respetar a un ser humano. Y, mientras eso no ocurra, yo continuaré indignada. Y sin ningún tipo de restricción.
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