miércoles, 13 de septiembre de 2017

Septiembre

Septiembre. Lara pasó la hoja de su calendario de 'Star Wars'. En septiembre salía una foto de Leia, una joven Carrie Fisher de rostro dulce pero mirada desafiante. ¿Sería algún día como ella? ¿Lograría enfrentarse de una maldita vez a sus problemas? Lo dudaba mucho.

La ventana de la cocina no le ofrecía nada nuevo. De pequeña, le encantaba sentarse allí con un tazón de cereales en las manos. Observaba a la gente y se imaginaba sus vidas. "Esa chica pelirroja tiene cara de llamarse Ana. Ese señor acaba de ser abuelo, por eso sonríe con los ojos. Esa pareja se ha conocido en la universidad. Esa mujer tiene una vida infeliz". Reía con ellos, lloraba con ellos, vivía con ellos. Pero, ahora, ya no veía nada. Todos los viandantes le parecían iguales. Daba igual el sexo, la edad o el color de piel; todos eran idénticos a sus ojos. Espectros grises que arrastraban los pies sobre la acera. Zombies vivos de miradas vacías. Fantasmas encerrados en armaduras de carne y hueso.

Hacía calor, como un septiembre cualquiera en Madrid. Lara caminaba con esa tendencia suya de no mirar su reflejo en los escaparates. Tampoco miraba a la gente con la que se cruzaba, pero... ¿acaso alguien lo hacía? Entró en su cafetería favorita, en esa en la que tiempo atrás acudía con sus amigos. Buscó la mesa más camuflada, aquella junto a la ventana al fondo del local. Pidió un batido, un batido enorme coronado con dos bolas de helado, un batido imposible de esos que aparecen en las películas de Tarantino. Sintió una punzada de dolor. A Dani le encantaba Tarantino. Era un jodido friki de los tiros y los tipos que morían expulsando sangre a borbotones. También le encantaban los batidos. Y Aerosmith. Y los libros de terror. ¿Por qué tenían tanto en común?

No necesitó romper sus fotos. Tampoco quemar sus cartas. Se negaba a hacer caso a esas canciones de desamor. No quería olvidar a Dani. Jamás enterraría esos recuerdos. Lo único que pensaba hacer era seguir adelante. Continuaría su camino con la cabeza alta y las metas bien marcadas. Guardaría en su corazón tanto los buenos momentos como los malos. Porque evolucionar es eso, avanzar hacia el futuro pero sin olvidar tus raíces. Y ella pensaba entregarse a septiembre, a los nuevos proyectos. A empezar desde diez y no desde cero.

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