Estoy en la oficina frente al ordenador y tu mensaje no llega. Ya te dije que yo soy más de hablar las cosas en persona, que si tengo e-mail es solo por mi trabajo. Insististe en que me escribirías, pero mi bandeja de entrada no recibe nada. Bueno, excepto publicidad de una tienda de ropa online y una pizzería. Y mi corazón ya no quiere más spam.
La lluvia me ha pillado de imprevisto al bajar del autobús. Se me han empapado los zuecos y casi me resbalo en el asfalto. No sé por qué las mujeres tenemos que llevar zapatos bonitos e incómodos a la oficina, si nos pasamos las horas frente al PC al igual que los hombres. Mañana pienso desempolvar mis Converse y hacer lo que me dé la gana. Y no miraré el correo. No me importa que no me escribas ni que te hayas olvidado de mi nombre. Para mí también fuiste solo un affaire de discoteca. Es bonita la palabra affaire, ¿verdad? Demasiado para lo poco que nos une.
No sé en qué estaba pensando. Me pasé con los chupitos, o qué sé yo. Fui yo la que te besé mientras bailábamos. Fui yo la que sonreí sobre tu pecho. Fui yo la que te abrí las puertas de mi casa y de mi corazón. Porque cada vez que me entrego, lo hago con el corazón, aunque sé que es algo que tú no puedes entender. Y no lo harás jamás.
Es el mejor día de mi vida. No exagero. Me siento feliz y estúpida. ¿Por qué me ha hecho tan feliz leerte? ¿Por qué sonrío al recordar tu mensaje? Lo he marcado como "Destacado" para poder releerlo cuando te eche de menos. Yo también me muero por volver a verte. Me da igual que sea en otra discoteca entre luces de neón y música estridente. No me importa que mis tacones se peguen en la pista pegajosa. Solo quiero perderme en tus ojos azules una vez más.
Me perdí y no encontré el rumbo. Y lo mejor de todo es que no me importa nada. No quiero brújulas ni guías. Ya han pasado cuatro meses desde nuestro segundo baile. En el fondo me alegro de que no fuera en una discoteca. Me apetecía estar contigo de otra manera, disfrutar más de ti. Me encantó que me llevaras a la feria y bailáramos canciones infantiles junto al tiovivo. Los besos con sabor a algodón de azúcar son los mejores, ya lo he comprobado. Y, desde entonces, hemos bailado muchas veces más. En restaurantes, en bares y hasta en museos. En nuestras camas.
No sé cuánto durará esto. Todo empezó con un guiño en la barra de un local y un e-mail que tardó en llegar. Yo no esperaba nada, pero llegaste para quedarte. Querías quedarte y yo quería que te quedaras. Yo solo sé que ahora voy más feliz a la oficina, que sonrío por tonterías y que me acuesto más alegre. Será porque tengo sueños mejores, más bonitos y más reales. Será porque llegaste cuando menos lo esperaba. Será porque eres tú.
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